viernes, 4 de diciembre de 2009

León XIII: Encíclica "Providentissimus Deus"

León XIII: “Providentissimus Deus” - 18 de noviembre de 1893

La ordenación de los estudios de las Sagradas Escrituras

Enemigos de las Escrituras, sus armas

96. 21 (…) importa ante todo examinar qué clase de enemigos tenemos enfrente y en qué procedimientos o en qué armas tienen puesta su confianza.

97. 22 Como antiguamente hubo que habérselas con los que, apoyándose en su juicio particular y recurriendo a las divinas tradiciones y al magisterio de la Iglesia, afirmaban que la Escritura era la única fuente de revelación y el juez supremo de la fe; así ahora nuestros principales adversarios son los racionalistas, que, hijos y herederos, por decirlo así, de aquéllos y fundándose igualmente en su propia opinión, rechazan abiertamente aun aquellos restos de fe cristiana recibidos de sus padres. Ellos niegan, en efecto, toda divina revelación o inspiración; niegan la Sagrada Escritura; proclaman que todas estas cosas no son sino invenciones y artificios de los hombres; miran a los libros santos, no como el relato fiel de acontecimientos reales, sino como fábulas ineptas y falsas historias. A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los hechos, o presentimientos explicables por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos, en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones y mitos; los evangelios y los escritos de los apóstoles han de ser atribuidos a otros autores.

98. 23 Presentan este cúmulo de errores, con los que creen poder anonadar a la sacrosanta verdad de los libros divinos, como veredictos inapelables de una nueva ciencia libre; pero que tienen ellos mismos por tan inciertos, que con frecuencia varían y se contradicen en unas mismas cosas. Y mientras juzgan y hablan de una manera tan impía respecto de Dios, de Cristo, del Evangelio y del resto de las Escrituras, no faltan entre ellos quienes quisieran ser considerados como teólogos, como cristianos y como evangélicos, y que bajo un nombre honrosísimo ocultan la temeridad de un espíritu insolente.

Primer cuidado: enseñanza de las Divinas Letras punto por punto

99. 24. Nuestro primer cuidado, por lo tanto, debe ser éste: que en los seminarios y en las universidades se enseñen las Divinas Letras punto por punto, como lo piden la misma importancia de esta ciencia y las necesidades de la época actual.
(…)
101. 26. El profesor debe aplicarse con gran cuidado a dar a conocer a fondo la parte más fecunda de esta ciencia, que concierne a la interpretación, y para que sus oyentes sepan de qué modo podrán utilizar las riquezas de la palabra divina en beneficio de la religión y de la piedad (…) es necesario poseer un método seguro para dirigir con fruto su interpretación, un maestro prudente deberá evitar al mismo tiempo el defecto de los que hacen gustar deprisa algo de todos los libros, y el defecto de aquellos otros que se detienen en una parte determinada más de la cuenta. (…)

El texto: La Vulgata sin descartar otras versiones

102. 27. El profesor, fiel a las prescripciones de aquellos que nos precedieron, deberá emplear para esto la versión Vulgata, la cual el concilio Tridentino decretó que había de ser tenida «como auténtica en las lecturas públicas, en las discusiones, en las predicaciones y en las explicaciones» (30), y la recomienda también la práctica cotidiana de la Iglesia. No queremos decir, sin embargo, que no se hayan de tener en cuenta las demás versiones que alabó y empleó la antigüedad cristiana, (…)

Exégesis del sentido ateniéndose al Magisterio de la Iglesia

103. 28. Después de establecida por todos los medios, cuando sea preciso, la verdadera lección, habrá llegado el momento de escudriñar y explicar su sentido. Nuestro primer consejo acerca de este punto es que observen las normas que están en uso respecto de la interpretación (…) al cuidado de valorar las palabras en sí mismas, la significación de su contexto, los lugares paralelos, etc., deben unirse también la ilustración de la erudición conveniente. (…)


104. 29. De aquí se pasará con seguridad al uso de la Sagrada Escritura en materia teológica (…) En sus palabras, por obra del Espíritu Santo, se oculta gran número de verdades que sobrepujan en mucho la fuerza y la penetración de la razón humana, como son los divinos misterios y otras muchas cosas que con ellos se relacionan (…) su sentido literal oculta en sí mismo otros significados que sirven unas veces para ilustrar los dogmas y otras para inculcar preceptos de vida; por lo cual no puede negarse que los libros sagrados se hallan envueltos en cierta oscuridad religiosa, de manera que nadie puede sin guía penetrar en ellos (33) (…)

Ya San Ireneo enseñó (34) que, allí donde Dios ha puesto sus carismas, debe buscarse la verdad, y que aquellos en quienes reside la sucesión de los apóstoles explican las Escrituras sin ningún peligro de error: ésta es su doctrina y la doctrina de los demás Santos Padres, que adoptó el concilio Vaticano cuando, renovando el decreto tridentino sobre la interpretación de la palabra divina escrita, declaró ser la mente de éste que «en las cosas de fe y costumbres que se refieren a la edificación de la doctrina cristiana ha de ser tenido por verdadero sentido de la Escritura Sagrada aquel que tuvo y tiene la santa madre Iglesia, a la cual corresponde juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Santas Escrituras; y, por lo tanto, que a nadie es lícito interpretar dicha Sagrada Escritura contra tal sentido o contra el consentimiento unánime de los Padres» (35)

105. 30 (…) El intérprete católico debe, pues, mirar como un deber importantísimo y sagrado explicar en el sentido declarado los textos de la Escritura cuya significación haya sido declarada auténticamente, sea por los autores sagrados, a quienes les ha guiado la inspiración del Espíritu Santo —como sucede en muchos pasajes del Nuevo Testamento—, sea por la Iglesia, asistida también por el mismo Espíritu Santo «en juicio solemne o por su magisterio universal y ordinario»(36), y llevar al convencimiento de que esta interpretación es la única que, conforme a las leyes de una sana hermenéutica, puede aceptarse. En los demás puntos deberá seguir la analogía de la fe y tomar como norma suprema la doctrina católica tal como está decidida por la autoridad de la Iglesia; porque, siendo el mismo Dios el autor de los libros santos y de la doctrina que la Iglesia tiene en depósito, no puede suceder que proceda de una legítima interpretación de aquéllos un sentido que discrepe en alguna manera de ésta. De donde resulta que se debe rechazar como insensata y falsa toda explicación que ponga a los autores sagrados en contradicción entre sí o que sea opuesta a la enseñanza de la Iglesia.
(…)

La Tradición apostólica en los Santos Padres

107. 32 La autoridad de los Santos Padres, que después de los apóstoles «hicieron crecer a la Iglesia con sus esfuerzos de jardineros, constructores, pastores y nutricios» (40), es suprema cuando explican unánimemente un texto bíblico como perteneciente a la doctrina de la fe y de las costumbres; pues de su conformidad resulta claramente, según la doctrina católica, que dicha explicación ha sido recibida por tradición de los apóstoles. La opinión de estos mismos Padres es también muy estimable cuando tratan de estas cosas como doctores privados.

108. 33 (…) el sabio precepto dado por San Agustín: «No apartarse en nada del sentido literal y obvio, como no tenga alguna razón que le impida ajustarse a él o que haga necesario abandonarlo»(41); regla que debe observarse con tanta más firmeza cuanto existe un mayor peligro de engañarse en medio de tanto deseo de novedades y de tal libertad de opiniones. Procure asimismo no descuidar lo que los Santos Padres entendieron en sentido alegórico o parecido, sobre todo cuando este significado derive del sentido literal y se apoye en gran número de autoridades.(…).

La Escritura es el alma de la teología

110.35 Es muy de desear y necesario que el uso de la divina Escritura influya en toda la teología y sea como su alma; tal ha sido en todos los tiempos la doctrina y la práctica de todos los Padres y de los teólogos más notables. Ellos se esforzaban por establecer y afirmar sobre los libros santos las verdades que son objeto de la fe y las que de éste se derivan; y de los libros sagrados y de la tradición divina se sirvieron para refutar las novedades inventadas por los herejes y para encontrar la razón de ser, la explicación y la relación que existe entre los dogmas católicos. (…) el teólogo profundo e instruido no puede descuidar la demostración de los dogmas basada en la autoridad de la Biblia. «Porque la teología no toma sus argumentos de las demás ciencias, sino inmediatamente de Dios por la revelación. Por lo tanto, nada recibe de esas ciencias como si le fueran superiores, sino que las emplea como a sus inferiores y seguidoras». Este método de enseñanza de la ciencia sagrada está indicado y recomendado por el príncipe de los teólogos, Santo Tomás de Aquino (44), el cual, además, como perfecto conocedor de este peculiar carácter de la teología cristiana, enseña de qué manera el teólogo puede defender estos principios si alguien los ataca: «Argumentando, si el adversario concede algunas de las verdades que tenemos por revelación; y en este sentido disputamos contra los herejes aduciendo las autoridades de la Escritura o empleando un artículo de la fe contra los que niegan otro. Por el contrario, si el adversario no cree en nada revelado, no nos queda recurso para probar los artículos de la fe con razones, sino sólo para deshacer las que él proponga contra la fe» (45).

111. 36. Hay que poner, por lo tanto, especial cuidado en que los jóvenes acometan los estudios bíblicos convenientemente instruidos y pertrechados, para que no defrauden nuestras legítimas esperanzas ni, lo que sería más grave, sucumban incautamente ante el error, engañados por las falacias de los racionalistas y por el fantasma de una erudición superficial. Estarán perfectamente preparados si, con arreglo al método que Nos mismo les hemos enseñado y prescrito, cultivan religiosamente y con profundidad el estudio de la filosofía y de la teología bajo la dirección del mismo Santo Tomás. De este modo procederán con paso firme y harán grandes progresos en las ciencias bíblicas como en la parte de la teología llamada positiva.


Defensa frente al ataque contra las Escrituras: procedimientos a seguir

113. 38 (…) Más arriba hemos mencionado las astucias de los enemigos y los múltiples medios que emplean en el ataque. Indiquemos ahora los procedimientos que deben utilizarse para la defensa. (…)

Estudio de las lenguas orientales y la ciencia crítica

114. 39 (…) en primer término, el estudio de las antiguas lenguas orientales y, al mismo tiempo, el de la ciencia que se llama crítica. (…) Es, pues, necesario a los profesores de Sagrada Escritura, y conviene a los teólogos, conocer las lenguas en las que los libros canónicos fueron originariamente escritos por los autores sagrados; sería también excelente que los seminaristas cultivasen dichas lenguas (…)

115. 40. Importa también, por la misma razón, que los susodichos profesores de Sagrada Escritura se instruyan y ejerciten más en la ciencia de la verdadera crítica; porque, desgraciadamente, y con gran daño para la religión, se ha introducido un sistema que se adorna con el nombre respetable de «alta crítica», y según el cual el origen, la integridad y la autoridad de todo libro deben ser establecidos solamente atendiendo a lo que ellos llaman razones internas. Por el contrario, es evidente que, cuando se trata de una cuestión histórica, como es el origen y conservación de una obra cualquiera, los testimonios históricos tienen más valor que todos los demás y deben ser buscados y examinados con el máximo interés, las razones internas, por el contrario, la mayoría de las veces no merecen la pena de ser invocadas sino, a lo más, como confirmación. De otro modo, como la mayor parte están imbuidos en las máximas de una vana filosofía y del racionalismo, no temerán descartar de los sagrados libros las profecías, los milagros y todos los demás hechos que traspasen el orden natural.

Las ciencias físicas

116. 41. Hay que luchar en segundo lugar contra aquellos que, abusando de sus conocimientos de las ciencias físicas, siguen paso a paso a los autores sagrados para echarles en cara su ignorancia en estas cosas y desacreditar así las mismas Escrituras. Como quiera que estos ataques se fundan en cosas que entran en los sentidos, son peligrosísimos cuando se esparcen en la multitud, sobre todo entre la juventud dedicada a las letras; la cual, una vez que haya perdido sobre algún punto el respeto a la revelación divina, no tardará en abandonar la fe en todo lo demás. Porque es demasiado evidente que así como las ciencias naturales, con tal de que sean convenientemente enseñadas, son aptas para manifestar la gloria del Artífice supremo, impresa en las criaturas, de igual modo son capaces de arrancar del alma los principios de una sana filosofía y de corromper las costumbres cuando se infiltran con dañadas intenciones en las jóvenes inteligencias. (…)

117. 42. No habrá ningún desacuerdo real entre el teólogo y el físico mientras ambos se mantengan en sus límites, (…) se ha de considerar en primer lugar que los escritores sagrados, o mejor el Espíritu Santo, que hablaba por ellos, no quisieron enseñar a los hombres estas cosas (la íntima naturaleza o constitución de las cosas que se ven), puesto que en nada les habían de servir para su salvación (54). (…) Y como en la manera vulgar de expresarnos suele ante todo destacar lo que cae bajo los sentidos, de igual modo el escritor sagrado —y ya lo advirtió el Doctor Angélico— «se guía por lo que aparece sensiblemente» (55), que es lo que el mismo Dios, al hablar a los hombres, quiso hacer a la manera humana para ser entendido por ellos. (…)

La historia

119. 44. Esto mismo habrá de aplicarse después a las ciencias similares, especialmente a la historia.

(…)
120. 45. Puede ocurrir que en la transcripción de los códices se les escaparan a los copistas algunas erratas; lo cual debe estudiarse con cuidado y no admitirse fácilmente sino en los lugares que con todo rigor haya sido demostrado; también puede suceder que el sentido verdadero de algunas frases continúe dudoso; para determinarlo, las reglas de la interpretación serán de gran auxilio; pero lo que de ninguna manera puede hacerse es limitar la inspiración a solas algunas partes de las Escrituras o conceder que el autor sagrado haya cometido error. Ni se debe tolerar el proceder de los que tratan de evadir estas dificultades concediendo que la divina inspiración se limita a las cosas de fe y costumbres y nada más, porque piensan equivocadamente que, cuando se trata de la verdad de las sentencias, no es preciso buscar principalmente lo que ha dicho Dios, sino examinar más bien el fin para el cual lo ha dicho. En efecto, los libros que la Iglesia ha recibido como sagrados y canónicos, todos e íntegramente, en todas sus partes, han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo; y está tan lejos de la divina inspiración el admitir error, que ella por sí misma no solamente lo excluye en absoluto, sino que lo excluye y rechaza con la misma necesidad con que es necesario que Dios, Verdad suma, no sea autor de ningún error.

121. 46. Tal es la antigua y constante creencia de la Iglesia definida solemnemente por los concilios de Florencia y de Trento, confirmada por fin y más expresamente declarada en el concilio Vaticano, que dio este decreto absoluto: «Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, íntegros, con todas sus partes, como se describen en el decreto del mismo concilio (Tridentino) y se contienen en la antigua versión latina Vulgata, deben ser recibidos por sagrados y canónicos. La Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque, habiendo sido escritos por la sola industria humana, hayan sido después aprobados por su autoridad, ni sólo porque contengan la revelación sin error, sino porque, habiendo sido escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor» (58). Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumentos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no al autor principal, se les pudiera haber deslizado algún error. Porque El de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieran rectamente todo y sólo lo que El quería, y lo quisieran fielmente escribir, y lo expresaran aptamente con verdad infalible; de otra manera, El no sería el autor de toda la Sagrada Escritura.

122. 47. Tal ha sido siempre el sentir de los Santos Padres. «Y así —dice San Agustín—, puesto que éstos han escrito lo que el Espíritu Santo les ha mostrado y les ha dicho, no debe decirse que no lo ha escrito El mismo, ya que, como miembros, han ejecutado lo que la cabeza les dictaba»(59). Y San Gregorio Magno dice: «Es inútil preguntar quién ha escrito esto, puesto que se cree firmemente que el autor del libro es el Espíritu Santo; ha escrito, en efecto, el que dictó lo que se había de escribir; ha escrito quien ha inspirado la obra»(60). Síguese que quienes piensen que en los lugares auténticos de los libros sagrados puede haber algo de falso, o destruyen el concepto católico de inspiración divina, o hacen al mismo Dios autor del error.

48. Y de tal manera estaban todos los Padres y Doctores persuadidos de que las divinas Letras, tales cuales salieron de manos de los hagiógrafos, eran inmunes de todo error, que por ello se esforzaron, no menos sutil que religiosamente, en componer entre sí y conciliar los no pocos pasajes que presentan contradicciones o desemejanzas (y que son casi los mismos que hoy son presentados en nombre de la nueva ciencia); unánimes en afirmar que dichos libros, en su totalidad y en cada una de sus partes, procedían por igual de la inspiración divina, y que el mismo Dios, hablando por los autores sagrados, nada podía decir ajeno a la verdad. Valga por todos lo que el mismo Agustín escribe a Jerónimo: «Yo confieso a vuestra caridad que he aprendido a dispensar a solos los libros de la Escritura que se llaman canónicos la reverencia y el honor de creer muy firmemente que ninguno de sus autores ha podido cometer un error al escribirlos. Y si yo encontrase en estas letras algo que me pareciese contrario a la verdad, no vacilaría en afirmar o que el manuscrito es defectuoso, o que el traductor no entendió exactamente el texto, o que no lo he entendido yo» (61).

Curso 2009-2010: LA PALABRA DE DIOS

LA SAGRADA ESCRITURA: LA PALABRA DE DIOS

Este curso 2009-2010 va a ser continuación y complemento del curso 2008-2009 sobre el modernismo.

Se parte del Decreto “Lamentabili sine exitu” del Santo Oficio (hoy Congregación para la doctrina de la fe) en el que se condenan 65 proposiciones que son otros tantos errores de las doctrinas modernistas, de las cuales las proposiciones de la 9 a la 26 se refieren a errores relacionados con las Sagradas Escrituras.

Teniendo en cuenta que como dijo León XIII en la Encíclica "Providentissimus Deus" sobre los estudios bíblicos – 18 de noviembre de 1893, que la Escritura es el alma de la teología, lo más deletéreo que hay contra la fe de la Iglesia es negar el valor sobrenatural de la revelación con lo que se niega que sea Dios el autor de las Escrituras, se interpreta la inspiración a los autores sagrados como procediendo de cada autor y no por acción del Espíritu Santo y como consecuencia de ello se niega todo aquello que sea superior a las fuerzas naturales como las profecías sobre el Mesías cumplidas en Jesús de Nazaret y los milagros.

Ambos aspectos se interpretan en coordenadas terrenas para basándose en tales interpretaciones negar el carácter sobrenatural de la revelación divina. Los hechos proféticos no son tales, sino que se inventan acontecimientos no sucedidos referidos a Jesús de Nazaret para que coincidan con las supuestas profecías y los milagros o son hechos naturales que no tenían explicación en la época en que se redactan los evangelios, o son hechos no sucedidos que se atribuyen a Jesús de Nazaret para ensalzar su figura y darle carácter divino.


Magisterio de la Iglesia desde finales del siglo XIX

  • Constitución dogmática Dei Filius cap 2 sobre la revelación del Concilio Vaticano I: 24 de abril de 1870
  • Encíclica Providentissimus Deus de León XIII sobre los estudios bíblicos – 18 de noviembre de 1893
  • Decreto Lamentabili sane exitu – Santo Oficio (hoy Congregación para la Doctrina de la fe) sobre los errores del modernismo 3 de julio de 1907
  • Encíclica Pascendi dominici gregis de San Pío X sobre las doctrinas del modernismo– 8 de septiembre de 1907
  • Encíclica Spiritus Paraclitus de Benedicto XV Sobre la interpretaciónde la Sagrada Escritura - 15 de septiembre de 1920
  • Encíclica Divino Afflante Spiritu de Pío XII sobre los estudios bíblicos – 30 de septiembre de 1943
  • Constitución Dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II sobre la Divina Revelación - 18 de noviembre de 1965
  • Catecismo de la Iglesia Católica Primera parte: la profesión de la fe; Primera sección: «creo»-«creemos»; Capítulo segundo Dios al encuentro del hombre; Artículo I: La Revelación de Dios – 11 de octubre de 1992
  • Sínodo de los Obispos - XII Asamblea General Ordinaria - La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia - 5-26 de octubre 2008

Documentos de la PCB sobre Interpretación de la Sagrada Escritura

  • Instrucción «Sancta Mater Ecclesia» (sobre la verdad histórica de los evangelios) 21 de abril de 1964
  • Interpretación de la Biblia en la Iglesia 15 de abril de 1993
  • El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana fiesta de la Ascensión 2001

El programa del curso

Lamentabili sane exitu

  • La autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia
  • Errores sobre la sagrada escritura
  • Autor de la escritura
  • Inspiración: naturaleza - extensión
  • Exégesis: racionalista
  • La redacción de los Evangelios

La Sagrada Escritura: Autor, Inspiración, Exégesis

Autor de la escritura - Hagiógrafos

  • Carta de San Pedro
  • Santo Tomás
  • El Concilio Vaticano I
  • León XIII: “Providentissimus Deus”
  • Benedicto XV: “Spiritus Paraclitus”
  • Pío XII: “Divino Afflante Spiritu”
  • Concilio Vaticano II: “Dei Verbum”
  • Catecismo de la iglesia católica

La verdad de la Sagrada Escritura

  • León XIII: “Providentissimus Deus”
  • Benedicto XV: “Spiritus Paraclitus”
  • Catecismo de la Iglesia Católica
  • Modos falsos de salvar la inerrancia de la Sagrada Escritura restringiendo la Inspiración

Exégesis de la Sagrada Escritura

  • Exégesis - Racionalista
  • Exégesis - Católica
  • León XIII: “Providentissimus Deus”
  • Benedicto XV: “Spiritus Paraclitus”
  • Pío XII: “Divino Afflante Spiritu”
  • Concilio Vaticano II: “Dei Verbum”
  • Catecismo de la Iglesia Católica

La Redacción de los Evangelios

  • Benedicto XV: “Spiritus Paraclitus”
  • Catecismo de la Iglesia Católica

Textos complementarios sobre la Interpretación de la S.E.

Los evangelios ante la historia

  • La Historia como Género Literario en el Antiguo Testamento
  • Los Métodos Histórico - Críticos en el N.T.
    La crítica textual
    La crítica literaria

De los Evangelios al Jesús Histórico

  • El problema de la historicidad de los Evangelios
    a) Su formulación.
    b) Una posición incompleta
    c) Posibles obstáculos de historicidad
    d) Posible vía de solución
  • Origen del problema de la historicidad de los evangelios
    a) Hasta el siglo XVIII
    b) A partir del siglo XVIII
    Actitud de la Iglesia ante el problema de la Historicidad de los Evangelios
  • Documentos anteriores a la encíclica “Divino Afflante Spiritu”
    a) Syllabus
    b) Concilio Vaticano I
    c) Respuesta de la PCB
    d) Decreto Lamentabili
    e) Encíclica Pascendi
    f) Nuevas repuestas de la PCB
    g) Encíclica “Spiritus Paráclitus”
  • A partir de la Encíclica “Divino Afflante Spíritu”
    Concilio Vaticano II: “Dei Verbum”
    a) Origen Apostólico de los Evangelios
    b) Carácter Histórico de los Evangelios
  • Catecismo de la Iglesia Católica
    a) La Tradición apostólica
    b) continuada en la sucesión apostólica
    c) El Nuevo Testamento
    d) La unidad del A. y del N. Testamento

    Errores sobre la sagrada escritura

    Autor de la escritura

    En la proposición 9 se condena la doctrina de los que niegan que Dios sea autor de la Escritura

    Se condena la doctrina de los que creen que afirmar que Dios es verdaderamente autor de la Sagrada Escritura dan prueba de una simplicidad o ignorancia excesivas.
    Ver Dz 1787; C.I.C. 105 (Dei Verbum nº11)

    Inspiración: naturaleza - extensión

    En la proposición 10 se condena la doctrina de los que creen que la inspiración de los libros del A.T. consiste en que los escritores israelitas transmitieron las doctrinas religiosas bajo un aspecto peculiar poco conocido o ignorado por los paganos.
    Se condena la doctrina que afirma que “la Inspiración de los Autores Sagrados es un modo humano singular de expresar los pensamientos”.

    Ver Dz 1809

    En la proposición 11 se condena la doctrina de los que creen que la inspiración divina no se extiende a toda la S.E. de tal modo que preserve de todo error a todas y cada una de sus partes.

    Se condena la doctrina que afirma que “la Inspiración no se extiende a toda la Escritura. Por ello, no está preservada de error en todas y cada una de sus partes”.

    Ver C.I.C. 106-107 (DV-11)

    Exégesis: racionalista

    En la proposición 12 se condena la sentencia modernista que afirma que el exégeta, si quiere dedicarse con provecho a los estudios bíblicos, debe apartar, ante todo, cualquiera preconcebida opinión sobre el origen sobrenatural de la S.E. e interpretarla no de otro modo que los demás documentos puramente humanos.

    Se condena la proposición que afirma que “para una exégesis científica, el exégeta debe prescindir del origen sobrenatural de la escritura e interpretarla como cualquier documento humano”.

    Ver Dz 1788

    La redacción de los Evangelios

    En la proposición 13 se condena la sentencia modernista que afirma que fueron los mismos evangelistas y los cristianos de la segunda y tercera generación quienes elaboraron artificiosamente las parábolas del Evangelio.

    Se condena la proposición que afirma que “las parábolas fueron elaboradas artificiosamente por los evangelistas y los cristianos de la 2ª y 3ª generación”.

    Ver C.I.C. 125

    En la proposición 14 se condena la sentencia modernista que afirma que en muchas narraciones, los Evangelistas contaron no tanto lo que es verdad, cuanto lo que juzgaron más provechoso para sus lectores, aunque fuera falso.

    Se condena la proposición de los que afirman que “los evangelistas narraron para provecho de los lectores, aunque fuera falso”.

    En la proposición 15 se condena la sentencia modernista que afirma que los Evangelios fueron aumentando con continuas adiciones y correcciones hasta que se llegó a un canon definitivo y constituido; en ellos, por ende, no quedó sino un tenue e incierto vestigio de la doctrina de Cristo.

    Se condena la proposición de los que afirman que “en los evangelios tras adiciones y correcciones no quedó sino un tenue e incierto vestigio de Cristo”.

    En la proposición 16 se condena la sentencia modernista que afirma que las narraciones de San Juan no son propiamente historia, sino una contemplación mística del Evangelio; los discursos contenidos en su Evangelio son meditaciones teológicas sobre el misterio de la salvación, destituidas de verdad histórica.

    Se condena la proposición de los que afirman que “las narraciones del evangelio de san juan no son historia, sino contemplación mística - los discursos son meditaciones teológicas, no son históricos”.

    En la proposición 17 se condena la proposición que afirma que el cuarto evangelio exageró los milagros Dz 1813

    En la proposición 18 se condena la proposición que afirma que “Juan no es testigo de Cristo, sino de la vida cristiana”.
    En la proposición 19 se condena la proposición de los que afirman que “los exégetas heterodoxos han interpretado el verdadero sentido de las escrituras con más fidelidad que los exégetas católicos”.


    Concilio Vaticano I

    Constitución dogmática Dei Filius sobre la fe católica cap 2

    24 de abril de 1870

    Capítulo 2: sobre la revelación

    La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza a partir de las cosas creadas con la luz natural de la razón humana: «porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de lo creado».

    Plugo, sin embargo, a su sabiduría y bondad revelarse a sí mismo y los decretos eternos de su voluntad al género humano por otro camino, y éste sobrenatural, tal como lo señala el Apóstol: «De muchas y distintas maneras habló Dios desde antiguo a nuestros padres por medio los profetas; en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo».

    Es, ciertamente, gracias a esta revelación divina que aquello que en lo divino no está por sí mismo más allá del alcance de la razón humana, puede ser conocido por todos, incluso en el estado actual del género humano, sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla de error alguno.

    Pero no por esto se ha de sostener que la revelación sea absolutamente necesaria, sino que Dios, por su bondad infinita, ordenó al hombre a un fin sobrenatural, esto es, a participar de los bienes divinos, que sobrepasan absolutamente el entendimiento de la mente humana; ciertamente «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó lo que Dios preparó para aquellos que lo aman».

    Esta revelación sobrenatural, conforme a la fe de la Iglesia universal declarada por el sagrado concilio de Trento, «está contenida en libros escritos y en tradiciones no escritas, que fueron recibidos por los apóstoles de la boca del mismo Cristo, o que, transmitidos como de mano en mano desde los apóstoles bajo el dictado del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros».

    Los libros íntegros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, según están enumerados en el decreto del mencionado concilio y como se encuentran en la edición de la Antigua Vulgata Latina, deben ser recibidos como sagrados y canónicos. La Iglesia considera estos libros por sagrados y canónicos no porque ella los haya aprobado por su autoridad tras haber sido compuestos por obra meramente humana; tampoco simplemente porque contengan sin error la revelación; sino porque, habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y han sido confiadas como tales a la misma Iglesia.

    Ahora bien, ya que cuanto saludablemente decretó el concilio de Trento acerca de la interpretación de la Sagrada Escritura para constreñir a los ingenios petulantes, es expuesto erróneamente por ciertos hombres, renovamos dicho decreto y declaramos su significado como sigue: que en materia de fe y de las costumbres pertinentes a la edificación de la doctrina cristiana, debe tenerse como verdadero el sentido de la Escritura que la Santa Madre Iglesia ha sostenido y sostiene, ya que es su derecho juzgar acerca del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras; y por eso, a nadie le es lícito interpretar la Sagrada Escritura en un sentido contrario a éste ni contra el consentimiento unánime de los Padres.

domingo, 7 de junio de 2009

Encíclica: “Pascendi dominici gregis”: Historiador, crítico, apologeta y reformador modernista – Causas y remedios

Historiador y crítico

El historiador

Según los principios: agnosticismo - transfiguración y desfiguración, la historia versa sólo sobre los fenómenos, la fe sobre lo divino
28. Los tres primeros cánones de dichos historiadores o críticos son aquellos mismos principios que hemos atribuido arriba a los filósofos; a saber, el agnosticismo, el principio de la transfiguración de las cosas por la fe, y el otro ... el de la desfiguración ...
Según el agnosticismo, la historia, no de otro modo que la ciencia, versa únicamente sobre fenómenos. Luego, así Dios como cualquier intervención divina en lo humano, se han de relegar a la fe, como pertenecientes tan sólo a ella. .. si se encuentra algo que conste de dos elementos, uno divino y otro humano - como sucede con Cristo, la Iglesia, los Sacramentos y muchas otras cosas de ese género, de tal manera se ha de dividir y separar, que lo humano vaya a la historia, lo divino a la fe. De aquí la conocida división, que hacen los modernistas, del Cristo histórico y el Cristo de la fe; de los Sacramentos de la historia, y los de la fe... el elemento humano ha de reconocerse que ha sido realzado por la fe mediante la transfiguración más allá de las condiciones históricas. ... Además, en virtud del tercer principio filosófico, han de pasarse también como por una tamiz las cosas que no salen de la esfera histórica ... afirman que en la historia que llaman real Cristo no es Dios, ni ejecutó nada divino, como hombre, empero, realizó y dijo lo que ellos ... le dan derecho de hacer o decir.

El crítico
Divide los documentos en dos partes: lo que pertenece a la historia y lo que pertenece a la fe. Hay dos Cristos: Uno, real y otro, que pertenece sólo a la fe.
29. Así como de la filosofía recibe sus conclusiones la historia, así la crítica de la historia. Pues el crítico, siguiendo la historiador, divide los documentos en dos partes: lo que queda, después de la triple partición, ya dicha, lo refieren a la historia real; lo demás, a la historia de la fe o interna. ... De aquí se sigue que hay dos Cristos: uno, real, y otro, que sólo pertenece a la fe; el uno que vivió en determinado lugar y época; y el otro, que sólo se encuentra en las piadosas especulaciones de la fe. Tal, por ejemplo, es el Cristo que presenta el evangelio de San Juan...
Divididos, según indicamos, los documentos en dos partes, de nuevo interviene el filósofo con su dogma de la inmanencia vital, y hace saber que cuanto se contiene en la historia de la iglesia se ha de explicar por la emanación vital. Y como la causa o condición de cualquier emanación vital se ha de colocar en cierta necesidad o indigencia, se deduce que el hecho se ha de concebir después de la necesidad y que, históricamente, es aquél posterior a ésta.
¿Qué hace, en ese caso, el historiador? Examinando de nuevo los documentos, ya los que se hallan en los Sagrados Libros, ya los sacados de dondequiera, teje con ellos un catálogo de las singulares necesidades que, perteneciendo ora al dogma, ora al culto sagrado, o bien a otras cosas, se verificaron sucesivamente en la Iglesia. Una vez terminado el catálogo, lo entrega al crítico. Y éste pone mano en los documentos destinados a la historia de la fe, y los distribuye de edad en edad, de forma que cada uno responda al catálogo, guiado siempre por aquel principio de que la necesidad precede al hecho y el hecho a la narración. Puede alguna vez acaecer que ciertas partes de la Biblia, como las epístolas, sean el mismo hecho creado por la necesidad. Sea de esto lo que quiera, hay una regla fija, y es que la fecha de un documento cualquiera se ha de determinar solamente según la fecha en que cada necesidad surgió en la Iglesia

El filósofo manda al historiador que ordene sus estudios según las leyes de la evolución
30. En este punto entra de nuevo en escena el filósofo, y manda al historiador que ordene sus estudios conforme a lo que prescriben los preceptos y leyes de la evolución. El historiador vuelve a escudriñar los documentos, a investigar sutilmente las circunstancias y condiciones de la Iglesia en cada época, su fuerza conservadora, sus necesidades internas y externas que la impulsaron al progreso, los impedimentos que sobrevinieron; en una palabra: todo cuanto contribuya a precisar de qué manera se cumplieron las leyes de la evolución. Finalmente, y como consecuencia de este trabajo, puede ya trazar a grandes rasgos la historia de la evolución. Viene en ayuda el crítico, y ya adopta los restantes documentos. Ya corre la pluma, ya sale la historia concluida.
Ahora preguntamos: ¿a quién se ha de atribuir esta historia? ¿Al historiador o al crítico? A ninguno de ellos, ciertamente, sino al filósofo. Allí todo es obra de apriorismo, y de un apriorismo que rebosa en herejías. Causan verdaderamente lástima estos hombres, de los que el Apóstol diría: «Desvaneciéronse en sus pensamientos..., pues, jactándose de ser sabios, han resultado necios» (18); pero ya llegan a molestar, cuando ellos acusan a la Iglesia por mezclar y barajar los documentos en forma tal que hablen en su favor. Achacan, a saber, a la Iglesia aquello mismo de que abiertamente les acusa su propia conciencia.

Los libros sagrados evolucionan, nada es como ha sido enseñado por los Padres
31 ... ya no pueden atribuirse los Libros Sagrados a los autores a quienes realmente se atribuyen ... es necesario admitir la evolución vital de los Libros Sagrados, que nace del desenvolvimiento de la fe y es siempre paralela a ella ... quien los oiga hablar de sus trabajos sobre los Libros Sagrados, en los que es dado descubrir tantas incongruencias, creería que casi ningún hombre antes de ellos los ha hojeado, y que ni una muchedumbre casi infinita de doctores, muy superiores a ellos en ingenio, erudición y santidad de vida, los ha escudriñado en todos sus sentidos. ... Pero ¡ay, que nuestros doctores no estudiaron los Libros Sagrados con los auxilios con que los estudian los modernistas! Esto es, no tuvieron por maestra y guía una filosofía que reconoce su origen en la negación de Dios, ni se erigieron a si mismos como norma de criterio.

El método de los modernistas en la historia. La crítica interna y textual modernista es una crítica agnóstica, inmanentista y evolucionista.
32. Nos parece que ya está claro cuál es el método de los modernistas en la cuestión histórica. Precede el filósofo; sigue el historiador; luego ya, de momento, viene la crítica interna y la crítica textual ... no es una crítica cualquiera, sino que con razón se la llaman agnóstica, inmanentista, evolucionista; de donde se colige que el que la profesa y usa, profesa los errores implícitos en ella y contradice a la doctrina católica. Esto prevalece entre los católicos por dos causas: la alianza que une estrechamente a los historiadores y críticos... además, la grandísima audacia con que todos unánimemente elogian y atribuyen al progreso científico lo que cualquiera de ellos profiere.... A favor del poderoso dominio de los que yerran... se ha creado una como corrompida atmósfera que todo lo penetra, difundiendo su pestilencia.

El apologista
33. el apologista... también éste, entre los modernistas, depende del filósofo, por dos razones: indirectamente, ante todo, al tomar por materia la historia escrita según la norma... del filósofo; directamente, al recibir de él sus dogmas y sus juicios. De aquí la afirmación corriente en la escuela modernista, que la nueva apología debe dirimir las controversias de religión por medio de investigaciones históricas y psicológicas... defienden la religión, no con los Libros Sagrados o con historias usadas vulgarmente en la Iglesia, y que estén escritas con método antiguo, sino con la historia real, compuesta según las normas y métodos modernos...

El método apologético consiste en hacer que se logre la experiencia religiosa
(…) veamos cómo uno de ellos compone la apología. El fin que se propone es éste: llevar al hombre, que todavía carece de fe, a que logre acerca de la religión católica aquella experiencia que es, conforme a los principios modernistas, el único fundamento de la fe. Dos caminos se ofrecen para esto: uno objetivo, subjetivo el otro. El primero brota del agnosticismo y tiende a demostrar que hay en la religión, principalmente en la católica, tal virtud vital, que persuade a cualquier psicólogo y lo mismo a todo historiador de sano juicio, que es menester que en su historia se oculte algo desconocido...

34... llegan a decir públicamente, con cierta delectación mal disimulada, que también en materia dogmática se hallan errores y contradicciones, aunque añadiendo que no sólo admiten excusa, sino que se produjeron justa y legítimamente... Así también, según ellos, hay en los Libros Sagrados muchas cosas científica o históricamente viciadas de error; pero dicen que allí no se trata de ciencia o de historia, sino sólo de religión y las costumbres...

Los libros sagrados, escritos por inspiración del E.S.
35. Nosotros ... para quienes la verdad no es más que una, y que consideramos que los Libros Sagrados, como escritos por inspiración del E.S., tienen a Dios por autor, aseguramos que todo aquello es lo mismo que atribuir a Dios una mentira de utilidad oficiosa, y aseveramos con las palabras de S.Agustín: Una vez admitida en tan alta autoridad alguna mentira oficiosa, no quedará ya ni la más pequeña parte de aquellos libros que, si a alguien le parece o difícil para las costumbres o increíble para la fe, no se refiera por esa misma perniciocísima regla, al propósito o a la condescendencia del autor que miente...

El segundo método es el subjetivo. Por la inmanencia
36. Por otra parte, el que todavía no cree no sólo puede disponerse a la fe con argumentos objetivos, sino también con los subjetivos. Para ello, los apologistas modernistas se vuelven a la doctrina de la inmanencia. En efecto, se empeñan en persuadir al hombre de que en él mismo, y en lo más profundo de su naturaleza y de su vida, se ocultan el deseo y la exigencia de alguna religión, y no de una religión cualquiera, sino precisamente la católica; pues ésta, dicen, la reclama absolutamente el pleno desarrollo de la vida....
El reformador modernista rechaza la filosofía escolástica
37. ... reformador ... Quieren que se renueve la Filosofía, principalmente en los Seminarios: de suerte que, relegada la escolástica a la historia de la Filosofía, como uno de tantos sistemas ya envejecidos, se enseñe a los alumnos la filosofía moderna, la única verdadera y la única que corresponde a nuestros tiempos.
Para renovar la Teología, quieren que la llamada racional tome por fundamento la filosofía moderna; y exige principalmente que la Teología positiva tenga como fundamento la historia de los dogmas.

La historia se enseñe según los métodos modernos
Reclaman también que la Historia se escriba y enseñe conforme a su método y a las modernas prescripciones.

Los dogmas se pongan en armonía con la ciencia y la historia
Ordenan que los dogmas y su evolución deben ponerse en armonía con la ciencia y la historia.

La catequesis no trate de los dogmas, salvo acomodados, según el método modernista
Por lo que se refiere a la catequesis, solicitan que en los libros para el catecismo no se consignen otros dogmas sino los que hubieran sido reformados y que estén acomodados al alcance del vulgo.

El culto destierre las devociones exteriores
Acerca del sagrado culto, dicen que hay que disminuir las devociones exteriores y prohibir su aumento...

Reformar el régimen de la iglesia de acuerdo con la conciencia moderna democrática.
Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático; y que por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman la conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia, por lo cual se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno; y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada. Las Congregaciones romanas, deben asimismo reformarse, y principalmente las llamadas del Santo Oficio y del Índice...

La moral, preferencia a virtudes activas, sobre las pasivas
En la parte moral, hacen suya aquella sentencia de los americanistas que las virtudes activas han de ser antepuestas a las pasivas, y que deben practicarse aquéllas con preferencia a éstas. ...

Algunos modernistas, además, desean se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado
Hay, por fin, algunos que, ateniéndose de buen grado a sus maestros protestantes, desean que se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado. ¿Qué queda, pues, intacto en la Iglesia, que no deba ser reformado por ellos y conforme a sus opiniones?
El modernismo es el conjunto de todas las herejías - No solo ha destruido la religión católica, sino de toda religión
38 En toda esta exposición de la doctrina de los modernistas, venerables hermanos, pensará por ventura alguno que nos hemos detenido demasiado; pero era de todo punto necesario, ya para que ellos no nos acusaran, como suelen, de ignorar sus cosas; ya para que sea manifiesto que, cuando tratamos del modernismo, no hablamos de doctrinas vagas y sin ningún vínculo de unión entre sí, sino como de un cuerpo definido y compacto, en el cual si se admite una cosa de él, se siguen las demás por necesaria consecuencia. Por eso hemos procedido de un modo casi didáctico, sin rehusar algunas veces los vocablos bárbaros de que usan los modernistas.
Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de los que han hecho los modernistas. Pero han ido tan lejos que no sólo han destruido la religión católica, sino, como ya hemos indicado, absolutamente toda religión. Por ello les aplauden tanto los racionalistas; y entre éstos, los más sinceros y los más libres reconocen que han logrado, entre los modernistas, sus mejores y más eficaces auxiliares.
La causa de la perversión de la inteligencia es la ignorancia. Subliman la filosofía moderna y desprecian la escolástica. La ignorancia de ésta les privó del instrumento para deshacer los sofismas de la filosofía moderna (42)
41... conviene... escudriñar algún tanto las causas de donde este mal recibe su origen y alimento. La causa próxima e inmediata es, sin duda, la perversión de la inteligencia. Se añaden, como remotas, estas dos: la curiosidad y el orgullo. La curiosidad, si no se modera prudentemente, basta por sí sola para explicar cualesquiera errores. ... el orgullo... Por orgullo se glorían vanísimamente, como si fueran los únicos poseedores de la ciencia, y dicen, altaneros e infatuados: No somos como los demás hombres.... Por orgullo desechan toda sujeción y pretenden que la autoridad se acomode con la libertad...

La causa de la perversión de la inteligencia es la ignorancia
42. Y si de las causas morales pasamos a las que proceden de la inteligencia, se nos ofrece primero y principalmente la ignorancia... En verdad que todos los modernistas sin excepción, quieren ser y pasar por doctores en la Iglesia, y aunque con palabras grandilocuentes subliman la filosofía moderna y desprecian la escolástica, no abrazaron la primera deslumbrados por sus aparatosos artificios, sino porque su completa ignorancia de la segunda les privó del instrumento, necesario para suprimir la confusión en las ideas y para refutar los sofismas.
Y del consorcio de la falsa filosofía con la fe ha nacido el sistema de ellos, inficionado por tantos y tan grandes errores
táctica modernista
Los modernistas tienen tres cosas por contrarias
42. (…) Tres son principalmente las cosas que tienen por contrarias a sus conatos: el método escolástico de filosofar, la autoridad de los Padres y la tradición, el magisterio eclesiástico...
Por eso ridiculizan generalmente y desprecian la filosofía y teología escolástica... y no hay otro más claro indicio de que uno empiece a inclinarse a la doctrina del modernismo que el comenzar a aborrecer el método escolástico... Pío IX estimó que debería reprobarse la opinión de los que dicen: El método y los principios, con los cuales los antiguos Doctores escolásticos cultivaron la Teología, no corresponden a las necesidades de nuestro tiempo ni al progreso de la ciencia. Por lo que toca a la tradición... El concilio II de Nicea condenó a aquellos que osan... conformándose con los criminales herejes, despreciar las tradiciones eclesiásticas e inventar cualquier novedad..., o excogitar torcida o astutamente para desmoronar algo de la fe de las legítimas tradiciones de la Iglesia católica...
Ni más respetuosamente que sobre la tradición sienten los modernistas sobre los santísimos Padres de la Iglesia, a los cuales, con suma tenacidad, proponen públicamente, como dignos de toda veneración, pero como sumamente ignorantes de la crítica y de la historia...
43. Finalmente, ponen su empeño todo en menoscabar y debilitar la autoridad del mismo ministerio eclesiástico... Cuando temen la erudición y fuerza de sus adversarios, procuran quitarles la eficacia, oponiéndoles la conjuración del silencio. ..
Finalmente, ¡cosa que pone horror a todos los buenos!, si la Iglesia condena a alguno de ellos, no sólo se aúnan para alabarle en público y por todos los medios, sino que llegan a tributarle casi la veneración de mártir de la verdad. ...

Van a la caza de cátedras que convierten en cátedras de pestilencia
4... En los Seminarios y Universidades andan a la caza de cátedras, que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia... en la acción, en las palabras, en la imprenta, no dejan nada por intentar, de suerte que parecen poseídos de frenesí. ...

remedios eficaces
La filosofía de Santo Tomás.
46 - I En primer lugar, pues, por lo que toca los estudios, queremos, y definitivamente mandamos, que la Filosofía escolástica..., cuando prescribimos que se siga la Filosofía escolástica, entendemos principalmente la que enseñó Santo Tomás de Aquino... Y a los maestros les exhortamos a que tengan fijamente presente que el apartarse del Doctor de Aquino, en especial en las cuestiones metafísicas, nunca dejará de ser de gran perjuicio.

Elegir Rectores y Maestros de Seminarios y Universidades Católicas idóneos.
49 - II... elegir rectores y maestros de los Seminarios o de las Universidades católicas.
Cualesquiera que de algún modo estuvieren imbuidos de modernismo, sin miramiento de ninguna clase sean apartados del oficio, así de regir como de enseñar, y si ya lo ejercitan, sean destituidos; asimismo, los que descubierta o encubiertamente favorecen al modernismo, ya alabando a los modernistas, y excusando su culpa, ya censurando la escolástica, o a los Padres, o al Magisterio eclesiástico, o rehusando la obediencia a la potestad eclesiástica en cualquiera que residiere, y no menos los amigos de novedades en la historia, la arqueología o las estudios bíblicos, así como los que descuidan la ciencia sagrada o parecen anteponerle las profanas. En esta materia, venerables hermanos, principalmente en la elección de maestros, nunca será demasiada la vigilancia y la constancia; pues los discípulos se forman las más de las veces según el ejemplo de sus profesores; por lo cual, penetrados de la obligación de vuestro oficio, obrad en ello con prudencia y fortaleza.
50 - III... es deber de los Obispos el cuidar que los escritos de los modernistas
51 - IV Pero tampoco basta impedir la venta y lectura de los malos libros, sino que es menester evitar su publicación

lunes, 23 de marzo de 2009

Encíclica: “Pascendi dominici gregis”: el creyente y el teólogo modernista

El creyente

El filósofo considera que la realidad de lo divino es interior, subjetiva, sin existencia real objetiva por tanto, no sale del mundo de los fenómenos.

El creyente, en cambio, admite que la realidad de “lo divino” existe en sí, objetivamente, cuya certeza procede de la “experiencia” de cada uno.

En el sentimiento se intuye, “por sí”, la realidad de Dios. En el sentimiento religioso se descubre una cierta intuición del corazón; merced a la cual, y sin necesidad de medio alguno, alcanza el hombre la realidad de Dios, y tal persuasión de la existencia de Dios y de su acción, dentro y fuera del ser humano, que supera con mucho a toda persuasión científica.

Experiencia y simbolismo conducen a que son igualmente verdaderas todas las religiones

Conviene advertir que de esta doctrina de la experiencia, unida a la otra del simbolismo, se infiere la verdad de toda religión, sin exceptuar el paganismo. ¿por qué causa argüirán de falsedad a una religión cualquiera? No por otra, ciertamente que por la falsedad del sentimiento religioso o de la fórmula brotada del entendimiento. Mas el sentimiento religioso es siempre y en todas partes el mismo, aunque en ocasiones tal vez menos perfecto: cuanto a la fórmula del entendimiento, lo único que se exige para su verdad, es que responda al sentimiento religioso y al hombre creyente, cualquiera que sea la capacidad de su ingenio.

Noción errónea de la tradición, como comunicación de una experiencia original, sin revelación divina

Otro punto hay en esta cuestión de doctrina en abierta contradicción con la verdad católica. Pues el principio de la experiencia se aplica también a la tradición sostenida hasta aquí por la Iglesia, destruyéndola completamente. A la verdad, por tradición entienden los modernistas cierta comunicación de alguna experiencia original que se hace a otros mediante la predicación y en virtud de la fórmula intelectual; a la cual fórmula atribuyen, además de su fuerza representativa, como dicen, cierto poder sugestivo que se ejerce, ora en el creyente mismo para despertar en el sentimiento religioso, tal vez dormido, y restaurar la experiencia que alguna vez tuvo; ora sobre los que no creen aún, para crear por primera vez en ellos el sentimiento religioso y producir la experiencia .

Relaciones entre Ciencia (fenómenos) y fe (lo divino)

Ante todo, se ha de asentar que la materia de la una está fuera de la materia de la otra y separada de ella. Pues la fe versa únicamente sobre un objeto que la ciencia declara serle incognoscible; de aquí un campo completamente diverso: la ciencia trata de los fenómenos, en los que no hay lugar para la fe; ésta, por el contrario, se ocupa enteramente de lo divino, que la ciencia desconoce por completo.

No hay oposición ni relación entre “fe” y “ciencia” cada una en su esfera sin relación posible

De donde se saca en conclusión que no hay conflictos posibles entre la ciencia y la fe; porque si cada una se encierra en su esfera, nunca podrán encontrarse ni, por lo tanto, contradecirse. ... al que todavía preguntase más, si Jesucristo ha obrado verdaderamente milagros y verdaderamente profetizado lo futuro; si verdaderamente resucitó y subió a los cielos: no, contestará la ciencia agnóstica; sí, dirá la fe. Aquí, con todo, no hay contradicción alguna; la negación es del filósofo y que no mira a Jesucristo sino según la realidad histórica; la afirmación es del creyente, que se dirige a creyentes y que considera la vida de Jesucristo como vivida de nuevo por la fe y en la fe.

La “fe” sometida a la “ciencia” por tres razones

La fe, no por una, sino por tres razones, está sometida a la ciencia. En primer lugar, conviene notar que todo cuanto incluye cualquier hecho religioso, quitada su realidad divina y la experiencia que de ella tiene el creyente, todo lo demás, y principalmente las fórmulas religiosas, no sale de la esfera de los fenómenos, y por eso cae bajo el dominio de la ciencia....
Además, aunque se ha dicho que Dios es objeto de sola la fe, pero esto se entiende tratándose de la realidad divina y no de la idea de Dios. Esta se halla sujeta a la ciencia... la filosofía o la ciencia tienen el derecho de investigar sobre la idea de Dios, de dirigirla en su desenvolvimiento y liberarla de todo lo extraño que pueda mezclarse... “la evolución religiosa ha de ajustarse a la moral y a la intelectual”... ”ha de subordinarse a ellas”.
Añádese, en fin, que el hombre no sufre en sí la dualidad, por lo cual el creyente experimenta una interna necesidad que lo obliga a armonizar la fe con la ciencia, de modo que no disienta de la idea general que la ciencia da de este mundo universo.
De lo que se concluye que la ciencia es totalmente independiente de la fe; pero que ésta, por lo contrario, aunque se pregone como extraña a la ciencia debe sometérsele.

El Magisterio de la Iglesia enseña que la filosofía es sierva de la teología

Pío IX nuestro predecesor dijo: Es propio de la filosofía, en lo que atañe a la religión, no dominar, sino servir; no prescribir lo que se ha de creer, sino abrazarlo con racional homenaje; no escudriñar la profundidad de los misterios de Dios, sino reverenciarlo pía y humildemente.

Gregorio IX escribía a ciertos teólogos de su tiempo: Algunos entre vosotros, hinchados como odres por el espíritu de la vanidad, se empeñan en traspasar con profanas novedades los términos que fijaron los Padres, inclinando la inteligencia de las páginas sagradas... a la doctrina de la filosofía racional, no para algún provecho de los oyentes, sino para ostentación de la ciencia... fuerzan a la reina a servir a la esclava.

En la historia, no hacen mención de la divinidad de Cristo, pero, sí en la predicación.

Cuando escriben de historia no hacen mención de la divinidad de Cristo; pero predicando en los templos la confiesan firmísimamente. Del mismo modo, en las explicaciones de historia no hablan de Concilios ni de Padres: mas si enseñan el Catecismo, citan honrosamente a unos y otros.

De aquí que distingan también la exégesis teológica y pastoral de la científica e histórica. Igualmente, apoyándose en el principio de que la ciencia de ninguna manera depende de la fe, al disertar acerca de la filosofía, historia y crítica, muestran de mil maneras su desprecio de los maestros católicos, Santos Padres, Concilios Ecuménicos y Magisterio eclesiástico... Confesando, en fin, que la fe debe subordinarse a la ciencia, a menudo abiertamente censuran a la Iglesia, porque tercamente se niega a someter y acomodar sus dogmas a las opiniones filosóficas...
El teólogo

Inmanencia y simbolismo: los dos principios de la teología modernista

Se trata de conciliar la fe con la ciencia, y eso de tal suerte que la una se sujete a la otra. En este género, el teólogo modernista usa de los mismos principios que, según vimos, usaba el filósofo, y los adapta al creyente; a saber, a los principios de la inmanencia y el simbolismo. El filósofo afirma: el principio de la fe es inmanente; el creyente añade: ese principio es Dios; concluye el teólogo: luego Dios es inmanente en el hombre. He aquí la inmanencia teológica.

De la misma suerte es cierto para el filósofo que las representaciones del objeto de la fe son sólo simbólicas; para el creyente lo es igualmente que el objeto de la fe es Dios en sí; el teólogo, por tanto, infiere: las representaciones de la realidad divina son simbólicas. He aquí el simbolismo teológico... comenzando desde luego por el simbolismo, como los símbolos son tales respecto del objeto, a la vez que instrumentos respecto del creyente, ha de precaverse éste ante todo, dicen, de adherirse más de lo conveniente a la fórmula, en cuanto fórmula, usando de ella únicamente para unirse a la verdad absoluta que la fórmula descubre y encubre juntamente, empeñándose luego en expresarlas, pero sin conseguirlo jamás. ...

Inmanencia panteísta y permanencia divina

Qué opinan realmente los modernistas sobre la inmanencia, difícil es decirlo: no todos sienten una misma cosa. Unos, la ponen en Dios, por su acción, está más íntimamente presente al hombre que éste a sí mismo; lo cual nada tiene de reprensible, si se entendiera rectamente. Otros, en que la acción de Dios es una misma cosa con la acción de la naturaleza, como la de la causa primera con la de la segunda, lo cual, en verdad, destruye el orden sobrenatural. Por último, hay quienes la explican de suerte que den sospecha de significación panteísta; lo cual concuerda mejor con el resto de su doctrina.

La permanencia divina es una forma de inmanencia

A este postulado de la inmanencia, se junta otro que podemos llamar de permanencia divina... Aclarémoslo con un ejemplo sacado de la Iglesia y de los sacramentos. La iglesia, dicen, y los Sacramentos no se ha de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. Lo prohíbe el agnosticismo, que en Cristo no reconoce sino a un hombre, cuya conciencia religiosa se formó, como en los otros hombres, poco a poco; lo prohíbe la ley de inmanencia, que rechaza las que ellos llaman externas aplicaciones, lo prohíbe también la ley de la evolución, que pide, a fin de que los gérmenes se desarrollen, determinado tiempo y cierta serie de circunstancias consecutivas, finalmente, lo prohíbe la historia, que enseña cómo fue en realidad el verdadero curso de los hechos.

Sin embargo, debe mantenerse que la Iglesia y los Sacramentos fueron instituidos mediatamente por Cristo. Pero ¿de qué modo? Todas las conciencias cristianas estaban en cierta manera incluidas virtualmente, como la planta en la semilla, en la conciencia de Cristo. Y, como los gérmenes viven la vida de la simiente, así hay que decir que todos los cristianos viven la vida de Cristo. Mas la vida de Cristo, según la fe, es divina: luego, también la vida, en el transcurso de las edades, dio principio a la Iglesia y a los Sacramentos, con toda razón se dirá que semejante principio proviene de Cristo y es divino. Así cabalmente concluyen que son divinas las Sagradas Escrituras y divinos lo dogmas. A esto se reduce... la teología de los modernistas.

Dogma, sacramentos, libros sagrados, Iglesia.

Hasta aquí hemos tratado del origen y naturaleza de la fe //... la Iglesia, el dogma, el culto, los libros santos... conviene examinar qué enseñan los modernistas sobre estos puntos.

El dogma: conjunto de fórmulas secundarias que responden a la conciencia común

Y comenzando por el dogma... Todo este trabajo consiste en penetrar y pulir la primitiva fórmula de la mente, no en sí misma, según el desenvolvimiento lógico, sino según las circunstancias o, como dicen ellos con menos propiedad, vitalmente. Y así sucede que, en torno a ella,... otras fórmulas secundarias... responden a la conciencia común, se denomina dogma. ...

Los sacramentos son puros símbolos

En lo que mira al culto sagrado... para los modernistas, brota de un doble impulso o necesidad; porque como hemos visto en su sistema todo se engendra... en virtud de impulsos íntimos o necesidades. ... Los Sacramentos, para los modernistas, son puros símbolos o signos; aunque no destituidos de fuerza...

El Concilio de Trento: Si alguno dijere que estos Sacramentos no fueron instituidos sino sólo para alimentar la fe, sea excomulgado.

Libros Sagrados son una colección de experiencias extraordinarias

Los libros sagrados... como una colección de experiencias, no de las que están al alcance de cualquiera, sino de las extraordinarias e insignes, que suceden en toda religión. ... en esos libros Dios habla en verdad por medio del creyente; más según quiere la teología de los modernistas, sólo por la inmanencia y permanencia vital. ...

La inspiración es como el impulso que siente el creyente de manifestar su fe

¿qué dicen de la inspiración? No se distingue, sino acaso por el grado de vehemencia, del impulso que siente el creyente de manifestar su fe de palabra o por escrito. Algo parecido tenemos en la inspiración poética. ...” Dios está en nosotros ... Así es como se debe afirmar que Dios es el origen de la inspiración de los Sagrados Libros ... si juzgamos la Biblia según el agnosticismo, a saber, como una obra humana compuesta por los hombres para los hombres, aunque se dé al teólogo el derecho de llamarla divina por inmanencia ...

La Iglesia debe su origen a una doble necesidad: individual de comunicar la fe y en la colectividad para conservarse

La Iglesia. Ante todo suponen que debe su origen a una doble necesidad: una, que existe en cualquier creyente, y principalmente en el que ha logrado alguna primitiva y singular experiencia para comunicar a otros su fe; otra, después que la fe ya se ha hecho común entre muchos, está en la colectividad, y tiende a reunirse en sociedad, para conservar, aumentar y propagar el bien común.
La Iglesia viene a ser fruto de la conciencia colectiva o de la unión de la conciencias particulares, las cuales, en virtud de la permanencia vital, dependen de su primer creyente, esto es, de Cristo, si se trata de los católicos ... cualquier sociedad necesita de una autoridad rectora ... De aquí surge, en la Iglesia católica, una triple autoridad: disciplinar, dogmática y litúrgica ... Y así como se dice que la Iglesia nace de la colectividad de las conciencias, por igual manera la autoridad procede vitalmente de la misma Iglesia. .. La autoridad, pues, lo mismo que la Iglesia, brota de la conciencia religiosa... En el orden civil, la conciencia pública introdujo el régimen popular...

Relaciones Iglesia - Estado. La Iglesia separada del Estado y sometida a él
Y así como por razón del objeto, son la fe y la ciencia extrañas entre sí, de idéntica suerte lo son el Estado y la Iglesia por sus fines, temporal el de aquél y espiritual, el de ésta. El Estado se debe separar de la Iglesia; como el católico del ciudadano. Señalar bajo cualquier pretexto al ciudadano el modo de obrar, es un abuso del poder eclesiástico.

Más no satisface a la escuela de los modernistas que el Estado sea separado de la Iglesia. Así como la fe, en los elementos, que llaman fenoménicos, debe subordinarse a la ciencia, así en los negocios temporales la Iglesia debe someterse al Estado. Muchos protestantes liberales suprimen todo culto externo sagrado, y aun también toda sociedad externa religiosa, y tratan de introducir la religión que llaman individual.

Evolución de la fe, el dogma, el culto.

Evolución de la fe negativa y positivamente

Las doctrinas modernistas sobre el desenvolvimiento de la fe. Hay aquí un principio general: en toda religión viva, nada existe que no sea variable, y que, por lo tanto, no deba variarse. De donde pasan a lo que en su doctrina es casi capital, a saber, la evolución... el dogma, la Iglesia, el culto sagrado, los libros... deben sujetarse a las leyes de la evolución... puesta la ley de la evolución, hallamos descrita por ellos mismos la forma de la evolución. Y en primer lugar, en cuanto a la fe. La primitiva forma de la fe, dicen, fue rudimentaria y común para todos los hombres, porque brotaba de la misma naturaleza y vida humana. Hízola progresar la evolución vital, no por la agregación externa de nuevas formas, sino por una creciente penetración del sentimiento religioso en la conciencia.

Aquel progreso se realizó de dos modos: en primer lugar, negativamente, anulando todo elemento extraño, como por ejemplo, el que provenía de familia o nación; después, positivamente, merced al perfeccionamiento intelectual y moral del hombre; con ello la noción de lo divino se hizo más amplia y más clara, y el sentimiento religioso resultó más elevado. ...

El dogma progresó al vencer impedimentos, sojuzgar a los enemigos y refutar las contradicciones

La evolución del dogma se origina principalmente de que hay que vencer los impedimentos de la fe, sojuzgar a los enemigos y refutar las contradicciones ... Así sucedió con Cristo: Aquello más o menos divino que en él admitía la fe, fue creciendo insensiblemente y por grados hasta que, finalmente, se le tuvo por Dios.

El culto evoluciona por acomodarse a las costumbres y tradiciones populares

En la evolución del culto, el factor principal es la necesidad de acomodarse a las costumbres y tradiciones populares... la Iglesia encuentra la exigencia de la evolución en que tiene necesidad de adaptarse a las circunstancias históricas y a las formas, públicamente ya existentes, del régimen civil.

El progreso es el resultado del encuentro de dos fuerzas opuestas, conservadora y progresista

Ahondando más en la mente de los modernistas, diremos que la evolución proviene del encuentro opuesto de dos fuerzas, de las que una estimula el progreso, mientras la otra pugna por la conservación. La fuerza conservadora reside vigorosa en la Iglesia, y se contiene en la tradición. Represéntala la autoridad religiosa... Al contrario, en las conciencias de los individuos se oculta y se agita una fuerza que impulsa al progreso, que responde a interiores necesidades.

Nada hay estable, ni inmutable en la iglesia

Según la doctrina y maquinaciones de los modernistas, nada hay estable, nada inmutable en la Iglesia. En la cual sentencia les precedieron aquellos de quienes N.P. Pío IX ya escribía: Esos enemigos de la revelación divina, prodigando estupendas alabanzas al progreso humano, quieren, con temeraria y sacrílega osadía, introducirlo en la religión católica, como si la religión fuese obra de los hombres y no de Dios, o algún invento filosófico que con trazos humanas pueda perfeccionarse.

Pío IX en el Syllabus ya repudiaba la doctrina que ahora sostienen los modernistas: La revelación divina es imperfecta, y por lo mismo sujeta a progreso continuo e indefinido, que corresponda al progreso de la razón humana; y con más solemnidad el Vaticano I: Ni, pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado se propuso como un invento filosófico para que la perfeccionasen los ingenios humanos, sino como un depósito divino se entregó a la Esposa de Cristo, a fin de que la custodiara fielmente e infaliblemente la declarase. De aquí se han de retener también los dogmas sagrados en el sentido perpetuo que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, ni jamás hay que apartarse de él con color y nombre de más alta inteligencia... Crezca, pues, y progrese mucho e incesantemente la inteligencia, ciencia y sabiduría, tanto de los particulares como de todos... pero sólo en su género, estos, en el mismo dogma, en el mismo sentido y en la misma sentencia.

Después e haber examinado al filósofo, al creyente, al teólogo, queda igualmente que examinemos al historiador, al crítico, al apologista y al reformador. ...(28-29-30-31-32-33-34-35-36-37)

domingo, 22 de marzo de 2009

Encíclica: “Pascendi dominici gregis”: Introducción y el filósofo modernista

Nociones previas

Esta Encíclica la escribió San Pío X, fue publicada el 8 de Septiembre 1907 y trata sobre las doctrinas modernistas. Con anterioridad, el 3 de Julio, del mismo año, el Papa había firmado el Decreto del Santo Oficio, "Lamentabili sane in situ", sobre los errores del modernismo, en forma de Syllabus o colección de errores. Posteriormente, el 1 de septiembre de 1910 firmó el motu propio "Sacrorum Antistitum" que contenía “algunas normas para rechazar el peligro del modernismo” en el que se incorporaba el juramento antimodernista que estuvo en vigor hasta que en el año 1968 con posterioridad al Concilio Vaticano II fue sustituido por una “Professio fidei” con el “Juramento de fidelidad al asumir un oficio que se ha de ejercer en nombre de la Iglesia”.

Encíclica Pascendi

Comenzamos por la Encíclica Pascendi. Consta de una introducción y dos partes, una en la que expone con todo detalle las doctrinas modernistas y otra en la que se analizan las causas y se proponen remedios para atajar el mal en la Iglesia.

La exposición de las doctrinas modernistas las hace en base a explicar los principios por los que se rige el filósofo, el creyente, el teólogo, el historiador y crítico, el apologista y el reformador modernista.

Nos ocupamos en esta entrada de la introducción de la Encíclica y del filósofo modernista[1]. Se trata de un resumen por lo que quien estuviera interesado en el texto completo debería buscarlo y leerlo el siguiente enlace:
http://www.vatican.va/holy_father/pius_x/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_19070908_pascendi-dominici-gregis_sp.html


Introducción

Un crecido el número de enemigos de la Cruz de Cristo se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia y si pudieran destruir totalmente el Reino de Jesucristo

Seglares y sacerdotes ignorantes de filosofía y teología, impregnados hasta la médula de los huesos con venenosos errores, se presentan como restauradores de la Iglesia sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre

Seguramente la iglesia nunca tuvo peores enemigos y ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro, el peligro está casi en las entrañas de la misma Iglesia y en sus mismas venas. Amalgaman en sus personas el racionalista y al católico y engañan a los incautos.

La táctica de los modernistas es no exponer sus doctrinas de modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas
Exposición de las doctrinas modernistas (I)

Cada modernista presenta y reúne en sí mismo variedad de personajes, mezclando, por decirlo así, al filósofo, al creyente, al teólogo, al historiador, al crítico, al apologista, al reformador
El filósofo modernista

El principio del agnosticismo: La razón humana, está encerrada en el círculo de los “fenómenos” es por tanto incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas

Consecuencias del agnosticismo: Dios no puede ser objeto de la ciencia, ni sujeto de la historia. los modernistas tienen como ya establecida y fija una cosa, a saber, que la ciencia debe ser atea, y lo mismo la historia en la esfera de una y otra no admiten sino fenómenos: Dios y lo divino quedan desterrados.

El principio de la inmanencia vital: Es la explicación del “fenómeno religioso”. Una vez repudiada la teología natural y cerrado, en consecuencia, todo acceso a la revelación al desechar los motivos de credibilidad; más aún abolida por completo toda revelación externa, resulta claro que no puede buscarse fuera del hombre la explicación apetecida, y debe hallarse en lo interior del hombre. Por tal procedimiento se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa

La fe es un sentimiento íntimo, reside en la subconsciencia y surge por indigencia de lo divino.

Los dos límites del conocimiento. La ciencia y la historia están encerradas entre dos límites: uno exterior, el mundo visible; otro interior, la conciencia. Llegadas a uno de estos, imposible es que pasen adelante la ciencia y la historia; más allá está lo incognoscible. la indigencia de lo divino, sin juicio alguno previo, suscita en el alma, naturalmente inclinada a la religión , cierto sentimiento especial, que tiene por distintivo el envolver en sí mismo la propia realidad de Dios, bajo el doble concepto de objeto y de causa íntima del sentimiento, y el unir en cierta manera al hombre con Dios, a este sentimiento llaman fe y en él afirman que se verifica la revelación. ...

Las tres leyes de la crítica histórica. Se siguen dos consecuencias: En primer lugar, se produce cierta transfiguración del fenómeno,..; en segundo lugar, una como desfiguración. De ambas cosa sacan... los modernistas, dos leyes, que, juntas con la tercera sacada del agnosticismo, forman las bases de la crítica histórica.

Aplicación de los principios modernistas a la persona de Cristo.
En la persona de Cristo, dicen, la ciencia y la historia ven sólo un hombre. Por lo tanto, en virtud de la primera ley, sacada del agnosticismo, es preciso borrar de su historia cuanto presente carácter divino.
Por la segunda ley, la figura histórica de Cristo fue transfigurada por la fe; es necesario, pues, quitarle cuanto la levanta sobre las condiciones históricas.
Finalmente, por la tercera, la misma persona de Cristo fue desfigurada por la fe; luego se ha de prescindir en ella de las palabras, actos y todo cuanto, en fin, no corresponda a su naturaleza, estado, educación, lugar y tiempo en que vivió... tal es la crítica modernista.

El sentimiento religioso que brota por vital inmanencia es el germen de toda religión incluso de la cristiana. La religión católica queda al nivel de las demás, tuvo su origen en la conciencia de Cristo, varón de privilegiadísima naturaleza, cual jamás hubo ni habrá, en virtud del desarrollo de la inmanencia vital, y no de otra manera.

No se trata ya del antiguo error que ponía en la naturaleza humana cierto derecho al orden sobrenatural. Se ha ido mucho más adelante, a saber, hasta afirmar que nuestra santísima Religión, lo mismo en Cristo que en nosotros, es un fruto propio y espontáneo de la naturaleza. Nada, en verdad, más propio para destruir todo el orden sobrenatural.

Por tanto el Concilio Vaticano I decretó:

“Si alguno dijere que el hombre no puede ser elevado por Dios a un conocimiento y perfección que supere a la naturaleza, sino que puede y debe finalmente llegar por sí mismo, mediante un continuo progreso, a la posesión de toda verdad y de todo bien, sea excomulgado”.

Dos fases en la elaboración intelectual de la religión. La mente obra de dos modos: primero, con un acto natural y espontáneo traduce las cosas en una aserción simple y vulgar; después, refleja y profundamente, o como dicen, elaborando el pensamiento, interpreta lo pensado con sentencias secundarias, que una vez sancionadas por el magisterio supremo de la Iglesia, formarán el dogma.

Los dogmas: fórmulas secundarias, símbolos - instrumentos
Este es uno de los puntos principales del modernismo: el origen y naturaleza del dogma.

El dogma tiene su origen en unas fórmulas primitivas simples que son necesarias en cierto modo a la fe, porque la revelación para existir, supone en la conciencia alguna noticia manifiesta de Dios. El fin de las fórmulas no es otro que proporcionar al creyente el modo de darse razón de su fe.
Por lo tanto, los dogmas son con relación a la fe los signos inadecuados de su objeto, vulgarmente llamados símbolos; con relación al creyente son meros instrumentos . Más el objeto del sentimiento religioso, por hallarse contenido en lo absoluto, tiene infinitos aspectos, que pueden aparecer sucesivamente, ora uno, ora otro. A su vez el hombre, al creer, puede estar en condiciones que pueden ser muy diversas. Por lo tanto, las fórmulas que llamamos dogma se hallarán expuestas a las mismas vicisitudes y, por consiguiente, sujetas a mutación. Así queda expedito el camino hacia la evolución íntima del dogma. ...

Las fórmulas auténticas son las avaladas por el sentimiento
Las fórmulas religiosas, para que sean verdaderamente religiosas, y no meras especulaciones del entendimiento, han de ser vitales y han de vivir la vida misma, del sentimiento religioso. ...
El principio filosófico que rige toda la especulación racional del modernista es el Agnosticismo, la razón es incapaz de ir más allá de los fenómenos sensibles. Los dos límites de nuestra razón están en el más allá de lo experimentable en el mundo sensible y en el más acá de la conciencia interior. Se admite que hay religión porque hay quienes confiesan tener un sentimiento religioso que se explica por el principio de la inmanencia vital que hace surgir el sentimiento religioso por indigencia de lo divino.

[1] COLECCIÓN DE ENCÍCLIAS DE LA ACCIÓN CATÓLICA. Madrid 1967. pág. 941

domingo, 22 de febrero de 2009

Lamentabili sine exitu - SAN PÍO X

Decreto sobre los errores del "Modernismo"
3 de julio de 1907

Es un Decreto del entonces Santo Oficio, hoy Congregación para la Doctrina de la Fe. En el Decreto "Lamentabili" se condenan un total de 65 errores del modernismo, los que califican el modernismo de forma más clara y los que muestran el alcance del mal que representa para la Iglesia ese conjunto de doctrinas.

Una de las características del "modernismo", como movimiento o doctrina religiosa, es que, como dice San Pío X en la Encíclica "Pascendi", siendo un sistema de doctrina coherente y muy estructurado, sin embargo, se presenta muchas veces en forma de enseñanzas deslabazadas y con contradicciones, según sea el auditorio ante el que se manifiesta el modernista y de ello resulta que es un sistema que parece estar lleno de contradicciones.

Los 65 errores citados por el Decreto "Lamentabili" se encuentran clasificados o agrupados Los errores del modernismo
• Autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia
• Autoridad de las Sagradas Escrituras
• Autoridad humana de los Libros Sagrados
• La Revelación y el dogma
• La divinidad de Jesucristo
• Los Sacramentos
• La Iglesia Católica y su doctrina
Aprobación del Papa
Los errores del modernismo

Son lamentables los resultados con que los tiempos actuales, refractarios a toda mesura, van tras las novedades que la investigación de las supremas razones de las cosas ofrece, y caen en gravísimos errores al mismo tiempo que desprecian lo que es la herencia del género humano. Estos errores son mucho más graves cuando se trata de la ciencia sagrada, o de la interpretación de la Sagrada Escritura, o de los más importantes misterios de la fe. Es muy doloroso encontrar incluso no pocos escritores católicos que traspasan los límites puestos por los Santos Padres y por la Iglesia misma, y se dedican a desarrollar los dogmas de una manera que en realidad no es más que deformarlos; y esto con el pretexto de ofrecer una más profunda comprensión de los mismos y en nombre de la crítica histórica.

Estos errores se están difundiendo cada vez más entre los fieles; para que no arraiguen en ellos corrompiendo la pureza de su fe, nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X ha encomendado a este Tribunal de la Santa Inquisición Romana y Universal que señale y condene los principales de esos errores.
En consecuencia, después de un detenido examen, y con el voto de los Consultores, los Eminentísimos Cardenales, Inquisidores Generales en cuestiones de fe y de costumbres, creyeron conveniente condenar y proscribir las proposiciones siguientes, tal y como se reprueban y proscriben en este Decreto.

Autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia

1. La ley eclesiástica, que ordena someter a la censura previa los libros que tratan de las sagrada Escritura, no afecta a los escritores que se dedican a la crítica o a la exégesis científica de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
2. No se debe menospreciar la interpretación que la Iglesia hace de los Libros Sagrados; sin embargo, debe estar sometida al juicio y corrección más profundos de los exegetas.
3. Los juicios y censuras de la Iglesia contra una exégesis libre y más científica hacen pensar que la fe propuesta por la Iglesia contradice a la historia, y que los dogmas católicos no pueden compaginarse con los verdaderos orígenes de la religión cristiana.
4. El magisterio de la Iglesia no puede determinar ni siquiera por medio de definiciones dogmáticas, el genuino sentido de las Sagradas Escrituras.
5. Dado que el depósito de la fe solamente contiene verdades reveladas, bajo ningún concepto corresponde a la Iglesia juzgar acerca de las afirmaciones de la ciencia humana.
6. Es de tal índole la colaboración entre la Iglesia discente y la Iglesia docente para definir las verdades, que la Iglesia docente se limita a aprobar las opiniones comunes de la discente.
7. Cuando la Iglesia condena errores, no puede exigir a los fieles un asentimiento interno, por el que se adhieran a los juicios por ella emitidos.
8. Se han de considerar libres de culpa a quienes no tienen en cuenta las condenas emanadas de las Sagradas Congregaciones Romanas.(1)

Autoridad de las Sagradas Escrituras

9. Quienes creen que Dios es el verdadero autor de la Sagrada Escritura demuestran ser exageradamente simples o ignorantes.
10. La inspiración de los libros del Antiguo Testamento consiste en que los escritores israelitas transmitieron las doctrinas religiosas bajo un aspecto poco conocido o ignorado por los paganos.
11. La inspiración divina no abarca a toda la Sagrada Escritura, de manera que todas y cada una de sus partes carezcan de error.
12. Si el exegeta quiere dedicarse con provecho a los estudios bíblicos, lo primero que ha de hacer es rechazar cualquier idea preconcebida acerca del origen sobrenatural de la Sagrada Escritura y proceder a interpretarla el mismo modo que cualesquiera otros documentos puramente humanos(2).

Autoridad humana de los Libros Sagrados

13. Los mismos evangelistas y los cristianos de la segunda y tercera generación fueron quienes elaboraron las parábolas del Evangelio; de esta forma justificaban los exiguos frutos que produjo la predicación de Cristo a los judíos.
14. En muchas narraciones, los evangelistas contaron no tanto lo que es verdad, cuanto lo que juzgaron más provechoso para sus lectores, aunque fuera falso.
15. Los Evangelios fueron aumentados con adiciones y correcciones continuas hasta llegar al canon definitivo y constituido; en ellos, por ende, no quedó sino un tenue e incierto vestigio de la doctrina de Cristo.
16. Las narraciones de San Juan no son propiamente historia, sino una contemplación mística del Evangelio; los discursos que el citado Evangelio contiene, son meditaciones teológicas sobre el misterio de la salvación, desprovistas de verdad histórica.
17. El cuarto Evangelio exageró los milagros, no sólo para que pareciesen más extraordinarios, sino también con el fin de que fuesen más adecuados para simbolizar la obra y la gloria del Verbo Encarnado.
18. San Juan se arroga la condición de testigo de Cristo; pero en realidad no fue más que un testigo de la vida cristiana, o de la vida de Cristo en la Iglesia, durante los últimos años del primer siglo.
19. Los exegetas heterodoxos han expresado el sentido verdadero de las Escrituras con mayor fidelidad que los exegetas católicos.

La Revelación y el dogma

20. La revelación no ha podido ser otra cosa más que la conciencia que el hombre adquiere de su relación con Dios (3).
21. La revelación, que constituye el objeto de la fe católica, no quedó cerrada con los Apóstoles.
22. Los dogmas que la Iglesia presenta como revelados no son verdades venidas del Cielo, sino sólo una interpretación de hechos religiosos que la mente humana se ha proporcionado por medio de un esfuerzo laborioso.
23. Puede existir, y de hecho existe, oposición entre los hechos que la Sagrada Escritura narra y los dogmas de la Iglesia que en ellos se apoyan; por consiguiente, el crítico puede rechazar como falsos hechos que la Iglesia cree absolutamente ciertos.
24. No hay por qué condenar al exegeta que sienta unas premisas de las cuales se sigue que los dogmas son históricamente falsos o dudosos, con tal de que directamente no niegue directamente esos dogmas.
25. El asentimiento de la fe se apoya, en último término, en el número de probabilidades.
26. Los dogmas de la fe se han de admitir solamente según su sentido práctico; es decir, como normas preceptivas de conducta, no como normas de lo que hay que creer.

La divinidad de Jesucristo

27. La divinidad de Jesucristo no se prueba por medio de los Evangelios; pero es un dogma que la conciencia cristiana deduce de la noción del Mesías (4).
28. En el ejercicio de su ministerio, Jesús no hablaba con la finalidad de enseñar que El era el Mesías, ni sus milagros iban encaminados a demostrarlo.
29. Se puede admitir que el Cristo, que nos muestra la historia, es muy inferior al Cristo que es objeto de la fe.
30. En todos los textos evangélicos el nombre de Hijo de Dios es equivalente sólo al nombre de Mesías, pero de ningún modo significa que Cristo es verdadero y natural Hijo de Dios.
31. La doctrina que acerca de Cristo, nos han transmitido Pablo, Juan y los Concilios de Nicea, de Éfeso y Calcedonia, no es la que Jesús enseñó, sino la que acerca Jesús concibió la conciencia cristiana.
32. El sentido natural de los textos evangélicos no puede compaginarse con lo que nuestros teólogos enseñan acerca de la conciencia de Jesucristo y de su ciencia infalible.
33. Es evidente para cualquiera que no se deja llevar por ideas preconcebidas que, o bien Jesús estaba equivocado acerca del próximo advenimiento del Mesías, o bien la mayor parte de Su doctrina contenida en los Evangelios Sinópticos no es auténtica.
34. El crítico no puede atribuir a Cristo una ciencia sin límites, a no ser que se apoye en una hipótesis históricamente concebible y que repugna al sentido moral: que Cristo, en cuanto hombre, poseía la ciencia de Dios y, no obstante, no quiso comunicar ese conocimiento acerca de tantas cosas ni a los discípulos ni a la posteridad.
35. No siempre tuvo Cristo conciencia de su dignidad mesiánica.
36. La Resurrección del Salvador no es propiamente un hecho histórico, sino de orden meramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana fue poco a poco derivando a partir de otros hechos.
37. En un comienzo, la fe en la Resurrección de Cristo no versó tanto sobre el mismo hecho de la Resurrección como sobre la vida inmortal de Cristo junto a Dios.
38. La doctrina acerca de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina.

Los Sacramentos:

39. Las opiniones acerca del origen de los Sacramentos, de que estaban imbuidos los Padres de Trento y que indudablemente influyeron en sus cánones dogmáticos, están muy lejos de las que ahora mantiene con razón la investigación histórica sobre el cristianismo.
40. Los sacramentos tuvieron su origen en la idea que los Apóstoles y sus sucesores, movidos y convencidos por determinados acontecimientos y circunstancias, se formaron acerca de Cristo y de su intención.
41. Los sacramentos no tienen más finalidad que la de mantener viva en el espíritu la presencia siempre beneficiosa del Creador.
42. Fue la comunidad cristiana la que introdujo la necesidad del bautismo, al adoptarlo como un rito necesario y añadiéndole las obligaciones de la profesión cristiana.
43. La costumbre de bautizar a los niños fue una evolución de la disciplina, y fue una de las causas de que el sacramento se dividiera en dos: el Bautismo y la Penitencia.
44. Nada prueba que los Apóstoles practicasen el rito del sacramento de la Confirmación; la distinción formal entre Bautismo y Confirmación, es ajena a la historia del cristianismo primitivo.
45. No todo lo que San Pablo relata acerca de la institución de la Eucaristía (1 Cor. 11, 23-25), ha de ser considerado como histórico (5).
46. En la Iglesia primitiva no existía el concepto de pecador cristiano reconciliado por la autoridad de la Iglesia; ésta fue asimilando con gran lentitud el citado concepto; es más, después de ser conocida la penitencia como una institución de la Iglesia, no se le daba el nombre de Sacramento, pues era considerado como un sacramento infamante.
47. Las palabras del Señor: Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonareis los pecados les serán perdonados, y a quienes se los retuviereis les serán retenidos (Juan, 20, 22. 23), no se refieren en absoluto al sacramento de la Penitencia, por más que lo afirmaran así los Padres de Trento.
48. Santiago, en su epístola (5, 14. 15) no tuvo intención de promulgar un Sacramento de Cristo, sino recomendar una práctica piadosa. Si acaso ve en ello algún medio para obtener la gracia, no lo entiende con el rigor con que lo han interpretado los teólogos que fijaron el concepto y el número de los sacramentos (6).
49. A medida que la Cena cristiana fue poco a poco convirtiéndose en acción litúrgica, quienes solían presidir la Cena adquirieron carácter sacerdotal.
50. Los ancianos que tenían la misión de atender a los grupos de cristianos fueron instituidos como presbíteros u obispos por los Apóstoles, con el fin de que se ocuparan de la necesaria organización de las comunidades en auge, pero no con el fin de perpetuar la misión y potestad apostólica.
51. El matrimonio no pudo convertirse en Sacramento de la nueva ley, sino hasta muy tarde en la Iglesia; puesto que para que el matrimonio se considerase como Sacramento, era necesario que previamente se llegara a un pleno desarrollo teológico de la doctrina sobre la gracia y sobre los Sacramentos.

La Iglesia Católica y su doctrina

52. Fue ajeno fue a la intención de Cristo fundar la Iglesia como sociedad que había de durar sobre la tierra, durante largos siglos; por el contrario, Cristo pensaba que el reino de los Cielos junto con el fin del mundo estaba a punto de llegar.
53. La constitución orgánica de la Iglesia no es inmutable, pues la sociedad cristiana, está sujeta, como toda sociedad humana, a una continua evolución.
54. Los dogmas, los Sacramentos la Jerarquía -tanto en lo que se refiere a su concepto como a su realidad- no son más que interpretaciones y evoluciones de la mente cristiana, que hicieron crecer y perfeccionaron con añadiduras exteriores, el germen diminuto latente en el Evangelio.
55. Nunca pensó Simón Pedro que Cristo le hubiese encomendado el primado en la Iglesia.
56. La Iglesia romana se convirtió en la cabeza de todas las Iglesias, no por ordenación de la divina, sino meramente por circunstancias políticas.
57. La Iglesia se manifiesta enemiga de los progresos en las ciencias naturales y teológicas.
58. La verdad no es más inmutable que el hombre mismo, y que con él, en él y por él evoluciona.
59. Cristo no enseñó un determinado cuerpo de doctrina aplicable en todo tiempo y a todos los hombres, sino que más bien inició un movimiento religioso adaptado o adaptable a los diversos tiempos y lugares.
60. La doctrina cristiana fue judaica en sus inicios, pero por medio de evoluciones sucesivas se hizo primero paulina, después joánica y por último helénica y universal.
61. Puede decirse, sin afirmar nada extraño, que ningún capítulo de la Escritura, -desde el primero del Génesis hasta el último del Apocalipsis- contiene una doctrina idéntica a la que acerca de la misma materia enseña la Iglesia, por consiguiente, ningún capítulo de la Escritura tiene el mismo sentido para el crítico que para el teólogo.
62. Los principales artículos del Símbolo de los Apóstoles no tenían para los primeros cristianos la misma significación que tienen para los cristianos de hoy.
63. La Iglesia se muestra incapacitada para defender con eficacia la moral evangélica al adherirse obstinadamente a doctrinas inmutables que no pueden estar en armonía con el progreso moderno.
64. El progreso de las ciencias está exigiendo una modificación de los conceptos acerca de Dios, de la Creación, de la Redención, de la persona del Verbo Encarnado y de la Redención.
65. El catolicismo actual no puede armonizarse con la verdadera ciencia, si no se transforma en un cristianismo no dogmático: en un protestantismo amplio y liberal (7).
3 de julio de 1907

La aprobación del Papa.

El día siguiente, jueves 4 del mismo mes y año, habiéndose hecho a su Santidad el Papa Pío X un informe fiel de todo esto, su Santidad aprobó y confirmó el decreto de los Eminentísimos Padres, y ordenó que todas y cada una de las proposiciones arriba insertas fuesen consideradas por todos como reprobadas y proscriptas, Petrus Palambelli (Notario de la S. R. U. I)

NOTAS
• (1) Estas ocho primera proposiciones, aunque con otras palabras, no hacen más que repetir los antiguos errores protestantes y racionalistas, que pretendían negar o desvirtuar la autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia Católica.
• (2) Las proposiciones 9, 10, 11 y 12, niegan, o al menos ponen en duda la autoridad de las Sagradas Escrituras; las proposiciones siguientes, hasta la 19 inclusive, niegan también la autoridad humana de los Libros Sagrados, principalmente la de los Evangelio sinópticos y más todavía la del Evangelio de San Juan.
• (3) Las proposiciones siguientes (20-26), que intentan explicar la revelación y el dogma por medio de la conciencia y la evolución psicológica según los métodos del subjetivismo kantiano, se apoyan en los principios erróneos ya expuestos acerca de la Sagrada Escritura.
• (4) Las restantes proposiciones se apoyan en el citado evolucionismo subjetivo, tanto las que se refieren a la persona misma de Jesucristo y a su muerte y resurrección (27-38), como las que atañen a la doctrina general y especial de los Sacramentos (29-51); también las que conciernen directamente a la Iglesia, a su constitución y jerarquía, al primado de San Pedro y de la Iglesia de Roma, y a la verdad universal.
• (5) Estas son palabras de San Pablo: "Porque yo he recibido del señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz diciendo: este es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis haced esto en memoria mía."
• (6) Santiago se refiere al Sacramento de la Extremaunción o Unción de los enfermos: "¿Alguno de vosotros cae enfermo? Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia, para que recen sobre él, ungiéndolo con óleo en nombre del Señor; y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor lo aliviará y, si tuviera pecado, obtendrá el perdón".
• (7) Las dos últimas proposiciones evolucionistas, que son más concretas, tienen una gran afinidad con las proposiciones ya condenadas por Pío IX en el Syllabus, el 8 de diciembre de 1864, y también en el Concilio Vaticano I, en el año 1870